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lunes, 10 de noviembre de 2014

AUGUSTO. DE REVOLUCIONARIO A EMPERADOR DE. ADRIAN GOLSWORTHY






 
  Babelia
EN PORTADA / ENTREVISTA

Lecciones de Augusto para un mundo en riesgo

Dos mil años después, un repaso a la figura del emperador romano proyecta reflexiones para defender la democracia

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Busto de Augusto encontrado en Sudán y expuesto en el Museo Británico. / Lionel Derimais

 
 
 
 
 
Shakespeare dedicó tragedias a Julio César y a Cleopatra y Marco Antonio, pero no a Augusto. Es un personaje importante, pero también secundario, en Yo, Claudio, de Robert Graves, así como en la versión de Cleopatra que protagonizó Elizabeth Taylor. Sin embargo, el primer emperador de Roma, el hombre que acabó con la República aunque conservó hábilmente sus instituciones vacías de poder, fue cualquier cosa menos un personaje secundario de la historia: Cayo Octavio (63 antes de Cristo-14 después de Cristo), bajo el nombre de César Augusto, es una figura ineludible para entender lo que fue Roma y, por tanto, lo que somos nosotros y, a la vez, absolutamente contemporánea, porque su biografía plantea cuestiones cruciales como el naufragio que puede sufrir una democracia cuando sus instituciones dejan de funcionar o la tragedia de tener que elegir entre el caos o la dictadura (libios, iraquíes y sirios tendrían mucho que decir sobre este tema).

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    Su vida no estuvo formada sólo de política: tenía un enorme sentido del humor; durante su reinado vivieron los tres poetas latinos más importantes, Horacio, Ovidio y Virgilio, de hecho, tuvo con este último el mismo papel que Max Brod con Kafka: se negó a cumplir su última voluntad de quemar sus obras y gracias a eso la Eneida ha llegado hasta nosotros. Fue un lúcido planificador urbano y un excelente administrador. También, y es algo que no se debe olvidar, un tirano despiadado y sangriento en su camino hacia el poder: organizó junto a sus entonces compañeros de triunvirato, Marco Antonio y Lépido, las llamadas proscripciones, las listas negras de ciudadanos condenados a morir (y a perder todos sus bienes). Shakespeare resumió su crueldad en un par de frases: “Todos estos entonces deben morir. Sus nombres quedan anotados”. Así lo describe Suetonio en su Vida del divino Augusto (Gredos, en traducción de Rosa María Agudo Cubas): “Cuando dieron comienzo, las puso en práctica con más saña que los otros dos. De hecho, mientras que aquellos se dejaron a menudo ganar por la recomendación y las súplicas, él sólo puso todo su empeño en que no se perdonara a nadie”. Una de las víctimas de este gran terror fue un personaje crucial: el gran orador y político Cicerón.
Bajo el título de Augusto. De revolucionario a emperador, el escritor británico Adrian Goldsworthy acaba de publicar una monumental biografía en La Esfera de los Libros, que fue recibida este verano con buenas críticas en el mundo anglosajón. Impecable historiador militar, autor de libros como La caída de Cartago o Los hombres que forjaron un imperio (ambas en Ariel), ha publicado también una biografía de Julio César, el hombre que nombró a Octavio su hijo adoptivo y le donó en su testamento sus bienes y su nombre (por eso primero pasó a llamarse Cayo Julio César y luego César Augusto). El asesinato de César en los idus de marzo del año 44 antes de Cristo precipitó la entrada en política de este joven patricio que fue capaz de formar un Ejército con solo 19 años. La publicación de la biografía ha coincidido con la conmemoración del segundo milenario de su muerte con exposiciones en París y Roma. Sin embargo, su huella más importante está en las piedras de la propia Roma y su sombra, en muchos rincones de nuestro presente.
El segundo milenario de su nacimiento se celebró en 1938, en pleno auge de los totalitarismos, y apareció entonces un libro definitivo para entender a Augusto, La revolución romana (Crítica), del gran latinista de Oxford Ronald Syme (1903-1989). Hasta entonces, la mayoría de los historiadores veían el vaso medio lleno (Augusto como gran estadista, que forjó durante sus 41 años en el poder no sólo un imperio, sino un sistema administrativo perdurable) y no como un tirano. Aunque no lo menciona expresamente, Syme hablaba también del tiempo que le tocó vivir. En una entrevista la semana pasada en Cardiff, Goldsworthy reconoce que es inevitable trazar paralelismos entre el pasado y el presente.


Adrian Goldsworthy, ante el castillo de Cardiff. / Lionel Derimais
Pregunta. ¿Cree que Augusto es una advertencia universal sobre los peligros que pueden correr las democracias?
Respuesta. Lo es, pero el error es verle a él como la causa. Nació en el año 63 antes de Cristo. Ya se había producido un intento de golpe de Estado, la conspiración de Catilina, y una guerra civil. La República romana estaba rota cuando César o Pompeyo comienzan a combatir. Y, sin duda, cuando Augusto alcanza el poder, el sistema ya estaba sentenciado, el pueblo estaba desesperado por lograr paz y estabilidad, habría aceptado cualquier líder que se las proporcionase. Eso explica en parte el éxito de Augusto. Pero tampoco tenemos que minusvalorarlo, porque realmente les dio paz y estabilidad, algo que no había logrado el sistema republicano. No hay que olvidar que la libertad que defendían era el Gobierno de la aristocracia senatorial, basado en extorsionar a las provincias, en sobornarse los unos a los otros. Creo que la lección es que, cuando una democracia está rota, aparece gente como César y Augusto; lo que no ocurre cuando el Estado funciona relativamente bien.
En el corazón de la biografía de Goldsworthy late la profunda contradicción que marcó la vida de Augusto: el tirano que fue a la vez un buen gobernante. La catedrática de latín de la Universidad de Cambridge Mary Beard, autora de libros tan importantes como El triunfo romano (Crítica), lo planteó así en un artículo de The New York Review of Books: “¿Cómo podemos entender la transición de un violento caudillo militar en los conflictos civiles que padeció Roma entre los años 44 y 31 antes de Cristo al venerable hombre de Estado que murió plácidamente en su cama en el 14 después de Cristo? ¿Cómo explicamos la metamorfosis de un joven matón, al que se le atribuye haber arrancado los ojos a un prisionero con sus propias manos, en un legislador preocupado por elevar la moral en Roma, por revivir las antiguas tradiciones religiosas y por transformar la capital de una ciudad de barro a una ciudad de mármol?”.
“Es extraño porque no puedes pensar en ningún otro dictador o líder militar que se haga menos violento cuando toma el poder”, responde Goldsworthy, de 45 años, que logra desplegar con cordialidad, y sin pedantería, sus inmensos conocimientos sobre Roma. Dejó la enseñanza hace años para dedicarse sólo a la escritura, y ahora vive en una casa junto al mar, a pocos kilómetros de la capital galesa, entre sus libros sobre la antigüedad y una serie de novelas ambientadas en la Guerra de la Independencia española. “Algunos estudiosos creen que se fijó en lo que le ocurrió a Julio César, así que tenía que dar la impresión de que respetaba el Senado. Pero, en mi opinión, es él quien evita comportarse como un tirano sangriento porque ya no lo necesita. Y sabe que, si quiere, siempre podría volver a matar. Creo que, además, se mantuvo fiel a una idea: así es como un servidor público debe comportarse”, prosigue. Una historia resume perfectamente su sentido del Estado: cuando ordenó construir el foro, los propietarios de unos terrenos se negaron a vender y él no quiso ni expropiar, ni quitárselos por la fuerza, por eso el foro no es un rectángulo, sino que le falta una esquina. Prefirió que su gran proyecto arquitectónico fuese imperfecto a saltarse su propia ley.
Así describe esta contradicción el historiador español Javier Arce, profesor de Arqueología Romana de la Universidad Charles de Gaulle Lille 3 y autor de obras como El último siglo de la Hispania romana (Alianza): “A pesar de las acciones sanguinarias que caracterizaron su consecución del poder y su Gobierno despótico, aunque él pretendía y se proclamaba restaurador de la república, Augusto fue un gran administrador. Organizó los servicios públicos, dividió los territorios provinciales para poderlos controlar más fácilmente por sus legados, creó provincias para que fueran gobernadas por el Senado; organizó la justicia, creó vías y caminos, fundó colonias con los veteranos de sus legiones, reorganizó el censo de ciudadanos con fines fiscales”.
Goldsworthy tuvo que lidiar con esta contradicción para construir su biografía, pero también con la escasez de fuentes y con las leyendas que circulan sobre Augusto.
P. ¿Tuvo que luchar mucho contra la ficción en su biografía, contra Shakespeare o Robert Graves?
R. Lo difícil es luchar contra las expectativas, incluso contra lo que hemos aprendido como estudiantes, y enseñado luego. Pero porque hayamos contado la historia de una forma, no significa que sea cierta. Hay que ir a las fuentes y el primer sorprendido por algunas cosas fui yo.
P. ¿Fue el papel de su esposa, Livia, una de esas sorpresas? En su libro Livia es mucho menos importante que en Yo, Claudio donde asesina a todos los pretendientes hasta que solo queda su hijo Tiberio, e incluso mata al propio Augusto cuando empezaba a tener dudas sobre la capacidad de éste. Sin embargo, usted defiende que nada de eso es cierto.
R. Livia fue sobre todo su compañera. Nos olvidamos muchas veces de que viajó con él a lo largo de todo el Imperio. A Iberia, va por lo menos tres veces. Al Rin, al Danubio, al Este, a Grecia… Pasó años viajando y Livia estaba con él la mayoría de las veces. El personaje de Robert Graves que manipula y asesina no aparece en las fuentes. Pudo haber sido así, pero no hay evidencias de que ocurriese.
P. Usted explica en su libro que murió de anciano, que su corazón falló, frente a la explicación de Graves de que, como sólo comía higos que cogía de un árbol, Livia los embadurnó con veneno.
R. Tenía casi tenía 77 años, había estado gravemente enfermo varias veces; sus grandes amigos, Mecenas o Agripa, ya habían muerto. No debería sorprendernos que un hombre a esa edad en el siglo I después de Cristo muera. Muy pocos romanos llegaron a una edad tan avanzada. La teoría de Graves es muy atractiva, pero insisto, no está en las fuentes. Más bien, parece que realmente escogió a Tiberio como heredero.
P. Supongo que en una biografía de la antigüedad tiene que resignarse a que habrá cosas que nunca llegarán a saberse, porque incluso las fuentes principales, como Suetonio, no son totalmente fiables. ¿Es así? ¿Es eso lo más difícil de su trabajo?
R. Totalmente. Porque incluso cuando rechazas una fuente porque no es fiable, normalmente no hay nada para poner en su lugar. Hay tantas cosas que no sabemos, tantas cosas que se han perdido… Incluso el historiador griego Dion Casio, que es un senador romano de origen griego que escribe al principio del siglo III, dice que una vez que Augusto asume el poder se toman tantas decisiones entre bambalinas, fuera de la mirada pública, que no hay constancia de cómo se tomaron, a diferencia de lo que ocurría en el Senado donde los debates eran públicos. Utilicé a Casio, que escribió 200 años después de la muerte de Augusto; a Suetonio, que escribe casi un siglo después y que utiliza muchas habladurías. Lo interesante es que también se conservan muchas cosas que son negativas sobre Augusto, algunas se remontan a la guerra civil y a la propaganda de Marco Antonio; pero también están todas estas historias sobre sus aventuras sexuales, todas las intrigas. Con esto quiero decir que los historiadores no tienen solamente la versión oficial y nada más. Pero eso tampoco quiere decir que la versión hostil tenga que ser cierta. Hay que evaluar cada dato y reconocer que existen aspectos que nunca conoceremos.
P. ¿Es cierto que era un hombre que tenía un gran sentido del humor?
R. Creo que le era muy útil políticamente, porque si puedes hacer reír a la gente rompes la tensión. Una situación que puede acabar muy mal puede desactivarse con un chiste. Cuando está a punto de producirse un motín porque el pueblo quiere un reparto gratuito de vino, Augusto responde que Agripa hizo construir un acueducto y que tienen agua de sobra para calmar la sed. Es mejor que decir que no se lo va a dar. Augusto le gustaba al pueblo, no el tirano que llegó al poder a través de la guerra, pero sí el hombre que se comportaba de esa forma, accesible, amigable, que siempre quiere sugerir que está al servicio del Estado. El humor forma parte de su éxito. Hay muchas historias sobre él, como el viejo chiste romano de que va por la calle y se encuentra a un hombre que se le parece mucho y le pregunta si su madre estuvo en Roma hace unos años, a lo que responde: “Mi madre no estuvo, pero mi padre sí”. Seguramente es inventado, pero el hecho de que se riese dice mucho de su régimen, la gente podía reírse, incluso a su costa, siempre que las cosas no fuesen más lejos.
La conversación sobrevuela muchos aspectos de la inabarcable influencia de Augusto. Fue un gran moralista, que mandó a su hija y a su nieta a un exilio nada dorado por su vida disoluta (Suetonio asegura que en su testamento prohibió incluso que fuesen enterradas con él). Para muchos estudiosos la férrea moral cristiana es un reflejo ante todo de las imposiciones de Augusto. Tampoco se puede soslayar la referencia más famosa a Augusto, en los Evangelios (Lucas 2,1-2: “Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado”); aunque no fue consciente (ni pudo serlo) del acontecimiento más importante que ocurrió bajo su reinado: el nacimiento del que se convertiría años más tarde en un profeta revolucionario, Jesús de Nazaret.
El novelista Robert Harris, autor de dos estupendas novelas sobre Roma y uno de los narradores que mejor ha sabido explicar las implicaciones contemporáneas de una antigüedad que no resulta nada remota, resumió así la figura del emperador en una elogiosa crítica de la biografía de Goldsworthy: “César Augusto puede ser considerado el líder más importante que haya conocido el mundo, superando de lejos la longevidad, el control político y el impacto histórico de Napoleón, Stalin o Hitler. Fue el fundador del Imperio Romano y su gobernante durante 40 años hasta su muerte en el 14 después de Cristo; el comandante de 60 legiones; aclamado como imperator —vencedor en el campo de batalla— por sus soldados en más de 21 ocasiones; el patrocinador de las artes, amigo de Horacio, y que salvó la Eneida para la posteridad; el urbanista que heredó una ciudad de barro y la convirtió en una ciudad de mármol (según sus propias palabras); el filántropo (y cleptómano) que donó 43 millones de sestercios al tesoro romano; el dios que fue venerado en Oriente desde que tenía apenas 30 años. Sin embargo, el hombre dentro del coloso nos elude”. Quizá hay algo que siempre se escapa en su figura porque Augusto encarna como nadie el misterio y el abismo del poder. Y por eso será siempre nuestro contemporáneo.
Augusto. De revolucionario a emperador. Adrian Goldsworthy. Traducción de José Miguel Parra. La Esfera de los Libros. Madrid, 2014. 627 páginas. 34,90 euros (electrónico: 8,99).


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viernes, 12 de septiembre de 2014

HISTORIA DE LA CULTURA, CICLO LECTIVO 2014, COM T M Facultad de Derecho

CRONOGRAMA DE CLASES DEL CURSO                                                                            

                                                                     FECHA  
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         SEMANA 4
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    Del 29 AL 3/10
 Adjunto / Ayudante         Unidad
 Titular  /    Encargado          Unidad  VI I
         SEMANA 9
 DEL 30 AL  3/10/
Adjunto / Ayudante          Unidad
Titular / Encargado          Unidad  VII -VIII
        SEMANA 10
DE L 6 AL 17/10/      
SEMANA DE EXAMENES
         SEMANA 10
DEL 19 AL 21/10/
 Adjunto / Ayudante        Unidad 
Titular / Encargado          U  IX 
     SEMANA 1 1
 DEL 27 AL 31/10/
 Adjunto / Ayudante         Unidad
 Titular / Encargado         Unidad U IX-X
      SEMANA 12
 DEL 3 AL 7/11/
  Titular/ Encargado         Unidad U X-XI
      SEMANA 13
DEL 10 AL  14/11    
 Adjunto / Ayudante         Unidad   
Titular / Encargado           U XII
       SEMANA 14
 DEL 17 AL 21/11
 Adjunto / Ayudante         Unidad
Titular / Encargado          Unidad  XII

PARA SABER MÁS/ EL DECLIVE DE LA REPÚBLICA ROMANA DE LA OLIGARQUÍA AL IMPERIO CHRISTOPHER S. MACKAY EDITORIAL ARIEL 1a EDICIÓN, MADRID 2011.



EL DECLIVE DE LA REPÚBLICA ROMANA BUSCA RESPONDER A LA PREGUNTA QUE TANTO HA PREOCUPADO A LO LARGO DE LA HISTORIA:¿POR QUE SE DESMORONÓ LA FORMA DE GOBIERNO DE LA REPÚBLICA Y ACABO SIENDO UNA AUTOCRACIA MILITAR QUE SE CONVIRTIÓ LUEGO EN EL IMPERIO ROMANO?
ILUSTRADO CON UNA EXTENSA COLECCIÓN DE IMÁGENES DE MONOEDAS QUE DOCUMENTAN LOS CAMBIOS EN LA IDEOLOGÍA POLÍTICA.

PARA SABER MÁS/ EL MUNDO CLASICO DE ROBIN LANE FOX.

.Robin Lane Fox enseña historia antigua en Oxford y es, además, un gran narrador. De esta afortunada combinación ha surgido un libro de historia del mundo clásico distinto, que tiene el rigor del buen trabajo académico -y ha merecido por ello los elogios de un especialista como Peter Jones- y la amenidad de un relato del que los críticos han dicho que es “increíblemente entretenido” y “más épico que la mejor película de romanos”. Porque, si algo caracteriza este fascinante recorrido del mundo de la antigüedad clásica desde Homero a Adriano, es precisamente la presencia constante del toque humano: su capacidad de evocar figuras como Sócrates, Alejandro, Cicerón o César y de hablarnos, a la vez, de la vida cotidiana de los ciudadanos, de los últimos días de Pompeya o de los juegos del circo, en unas páginas que nos devuelven el encanto de la mejor narrativa histórica.

                                            ALGUNAS REFERENCIAS SOBRE EL AUTOR
Robin Lane Fox es fellow del New College de Oxford, profesor titular de la Universidad de Oxford y colaborador habitual del Financial Times desde 1970. Entre sus libros destacan Pagans and Christians (1987), La versión no autorizada: verdad y ficción en la Biblia (1992), Alejandro Magno (2007) y su gran éxito El mundo clásico. La epopeya de Grecia y Roma (Crítica, 2007) 

PARA SABER MAS/ Alejandro Magno: conquistador del mundo Robin Lane Fox.Editorial El Acantilado,Barcelona, 2013.

Monumental y excepcionalmente bien documentada, esta biografía de Alejandro Magno se sumerge en el misterio de uno de los más extraordinarios personajes de la historia, feroz conquistador de Asia y discípulo de Aristóteles, que terminó por sentar, a través de sus gestas, las bases mismas del helenismo. Lejos de ofrecer una mirada romántica y fantasiosa de la vida de Alejandro, Lane Fox recupera, con un lenguaje de insuperable maestría, todos los matices de una época histórica, desde las tácticas de batalla hasta las costumbres culinarias y sexuales, y nos acerca así a la dimensión humana de uno de los más grandes mitos de la historia de la humanidad.

jueves, 11 de septiembre de 2014

ACTIVIDADES QUE MEJORAN TU MEMORIA DE FORMA CASI MILAGROSA

VIDA SANA / CEREBRO

Carlota Fominaya para el ABC de Madrid

9/09/2014 - 01.11h





Existen una serie de procedimientos al alcance de cualquiera que son grandes facilitadores a la hora de mejorar nuestra memoria. Uno de los más importantes es el sueño, «un determinante biológico de primer magnitud capaz de potenciar la formación de la memoria y la integración del material aprendido», asegura Ignacio Morgado, catedrático de Psicobiología en el Instituto de Neurociencia de la Universidad Autónoma de Barcelona. Pero hay otros que también nos ayudan mucho en esta tarea, prosigue el autor del libro «Aprender, recordar y olvidar» (Ariel), tan insospechados como practicar deporte, o ser conscientes de cuál es nuestro mejor tiempo del día para aprender.Estas son —según explica Morgado en esta práctica obra— algunas de las actividades que nos ayudan en esta tarea más de lo que creemos:

1. Practicar deporte y actividades físicas diversas
De todos los factores que promueven el aprendizaje y la memoria, al igual que otras muchas facultades mentales, el ejercicio físico es el que podríamos considerar más milagroso, asevera este catedrático. «Y tiene una explicación fisiológica. Son muchos los efectos de la actividad y el ejercicio físico sobre el cerebro y sus neuronas. En primer lugar, esa actividad promueve y aumenta la cantidad de sustancias neurotróficas, como el BDNF, que incrementan la plasticidad sináptica, la neurogénesis y la vascularización del cerebro. Es decir, actúa como un desengrasante del cerebro», explica.
2. El mejor tiempo del día para aprender
Actividades que mejoran tu memoria de forma casi milagrosa
El mejor tiempo del día para aprender. No todos los momentos del día son igualmente buenos para aprender, y cada persona tiene el suyo. «En algunos nos sentimos más despiertos, con más capacidad de atención y más actividad, y en otro con menos. Todos tenemos una idea más o menos clara de las horas del día en que nos sentimos más capaces para realizar estudios o actividades complejas. Y suelen ser siempre las mismas horas para cada persona. Me refiero a los ritmos circadianos», indica Morgado.
3. Entrenar la «memoria de trabajo»
Actividades que mejoran tu memoria de forma casi milagrosa
Entrenar la «memoria de trabajo». La «memoria de trabajo», explica este catedrático, «es una función cerebral muy importante para aprender y adquirir nuevos conocimientos y habilidades y está muy relacionada con la inteligencia fluida, la capacidad de razonar y resolver problemas nuevos con independencia del conocimiento previamente adquirido». Se trabaja con secuencias de objetos en distintos intervalos de tiempo.
4. Guiar el aprendizaje con preguntas
Actividades que mejoran tu memoria de forma casi milagrosa
Guiar el aprendizaje con preguntas. Este es un método de generar memoria a largo plazo mucho mejor que la que resulta del tipo de estudio consistente en repasar una y otra vez apuntes de la materia, muchas veces inconscientemente. Tal y como indica este experto a lo largo de las páginas de su libro «Aprender, recordar y olvidar», de Ariel, «su potencia para aumentar la comprensión de lo estudiado y generar memorias duraderas puede, además, multiplicarse si se le pide al alumno que mientras estudia vaya redactando una memoria de lo aprendido».
5. Practicar sistemáticamente el recuerdo de lo aprendido
Actividades que mejoran tu memoria de forma casi milagrosa
Practicar sistemáticamente el recuerdo de lo aprendido. El recuerdo, señala este psicobiólogo, es un proceso activo que no solo sirve para evaluar lo aprendido, sino también para seguir aprendiendo. Más aún, recalca Morgado: «el recuerdo sistemático puede ser una forma de aprendizaje superior incluso a la del aprendizaje original».
6. Un poco de estrés no es malo
Actividades que mejoran tu memoria de forma casi milagrosa
Un poco de estrés no es malo. Según explica Morgado en su obra «Aprender, recordar y olvidar» (de Ariel), en la vida cotidiana estamos sometidos a situaciones emocionales y estresantes que activan el sistema nervioso y el endocrino. «La experiencia común y los resultados de muchos experimentos muestran que, cuando esa activación es moderada y no rebasa ciertos límites, puede contribuir a la facilitación del aprendizaje y la formación de la memoria». Las hormonas, continua, «como la adrenalina, la noradrelina y los glucocorticoides, liberadas en la sangre de las personas en situaciones emocionales o de estrés moderado pueden contribuir también a la facilitación tanto de memorias implícitas como explícitas», apunta este experto. No obstante, matiza, «el estrés crónico y la elevada y persistente concentración de glucocorticoides en la sangre, al provocar muerte neuronal y pérdida de espinas dentríticas en las neuronas de la corteza cerebral, dificultan considerablemente el aprendizaje y la memoria de animales y humanos».
7. Potenciar el error de la predicción
Actividades que mejoran tu memoria de forma casi milagrosa
Potenciar el error de la predicción. Para Morgado, una manera de potenciar el error de predicción y facilitar con ello el aprendizaje consiste en asociar lo que se quiere recodar a un estímulo emocional.
8. Homenaje a la lectura
Actividades que mejoran tu memoria de forma casi milagrosa
Homenaje a la lectura. De todas las actividades intelectuales potenciadoras de capacidades mentales, la más asequible y la que proporciona un mejor balance costo/beneficio es, sin duda, la lectura, recalca Morgado. «Leer es uno de los mejores ejercicios posibles para mantener en forma el cerebro. Es así porque la actividad de leer requiere poner en juego un importante número de procesos mentales, entre los que destacan la percepción, la memoria y el razonamiento. El libro es un gimnasio asequible y barato para la mente y debería incluirse por ello en la educación desde la más temprana infancia y mantenerse durante toda la vida. Los niños deben ser estimulados a leer con lecturas motivadoras y adecuadas a su edad y los mayores deben procurarse todo el auxilio que requieran sus facultades visuales para poder seguir leyendo y manteniendo en forma su cerebro cuando envejecen», apunta.
9. La actividad intelectual a lo largo de la vida
Actividades que mejoran tu memoria de forma casi milagrosa
La actividad intelectual a lo largo de la vida puede aumentar la memoria de la vejez. Hay estudios de la Academia Americana de Neurología que señalan que la lectura, la escritura y la participación en cualquier actividad que estimule el cerebro, a cualquier edad y durante toda la vida, pueden preservar la memoria en la vejez. «Vemos pues que no hay que esperar a ser mayor para emprender actividades intelectuales como remedio para disminuir las consecuencias negativas del envejecimiento. Cuanto antes empecemos, ¡mejor!», señala Morgado.
10. Inmersión temprana en múltiples lenguas
Actividades que mejoran tu memoria de forma casi milagrosa
Inmersión temprana en múltiples lenguas. La sorprendente capacidad del cerebro humano para aprender muchas lenguas en la temprana infancia le confiere importantes ventajas a al hora de aprender y formar memorias consistentes. Está demostrado que los individuos que adquieren múltiples lenguas en su infancia y las practican a lo largo de su vida tienen una mayor capacidad de cognición ejecutiva, es decir, de ejecución mental, estando también más protegidos contra la neurodegeneración en la vejez.