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viernes, 22 de agosto de 2014

Ro­ma «ol­vi­da» el bi­mi­le­na­rio de la muer­te de un gran em­pe­ra­dor que cam­bió la His­to­ria



 

ABC, Spain 20/08/2014 65 ÁN­GEL GÓ­MEZ FUEN­TES CO­RRES­PON­SAL EN RO­MA

 

Fue el pri­mer em­pe­ra­dor ro­mano, uno de los más gran­des es­ta­dis­tas de to­dos los tiem­pos, un hom­bre de paz que cam­bió la His­to­ria y mar­có tam­bién a His­pa­nia. Ita­lia ce­le­bró ayer los dos mil años de la muer­te de Ca­yo Ju­lio Cé­sar Oc­ta­viano Au­gus­to, nom­bre és­te úl­ti­mo por el que es co­no­ci­do. Fue adop­ta­do co­mo hi­jo por su tío abue­lo Ju­lio Cé­sar y se con­vir­tió en el em­pe­ra­dor con el rei­na­do más lar­go de la his­to­ria: go­ber­nó 41 años (27 a. C.–14 d. C), sen­tan­do las ba­ses del im­pe­rio ro­mano que do­mi­nó el mun­do en los pri­me­ros si­glos des­pués de Cris­to. Pe­ro ha si­do una ce­le­bra­ción con una gran po­lé­mi­ca sus­ci­ta­da en los prin­ci­pa­les pe­rió­di­cos, muy crí­ti­cos con Ro­ma y la Ad­mi­nis­tra­ción por­que han per­di­do una gran oca­sión pa­ra una gran ce­le­bra­ción.

Así, «La Stam­pa» afir­ma en un ti­tu­lar en su pri­me­ra pá­gi­na: «Ro­ma y Au­gus­to, una la­men­ta­ble ce­le­bra­ción», des­ta­can­do que en cual­quier otra ca­pi­tal se ha­bría apro­ve­cha­do la efe­mé­ri­de con un mon­ta­je cul­tu­ral ex­tra­or­di­na­rio. Pro­por­cio­nal­men­te, ha ha­bi­do más sen­si­bi­li­dad en ce­le­brar el bi­mi­le­na­rio en otras ciu­da­des fun­da­das por él, co­mo Za­ra­go­za (en la­tín Cae­sa­rau­gus­ta), Mé­ri­da (Au­gus­ta Eme­ri­ta), o Ta­rra­go­na, des­de don­de di­ri­gió las cam­pa­ñas mi­li­ta­res con­tra los cán­ta­bros y as­tu­res, has­ta su con­quis­ta de­fi­ni­ti­va en el año 19 a.C. Tam­bién fun­dó El­che, Éci­ja, Mar­tos y Gua­dix.

Amar­gu­ra y ver­güen­za

Ro­ma se pro­pu­so en 2006 reha­bi­li­tar el mau­so­leo de Au­gus­to, si­tua­do en el cen­tro de Ro­ma, con un pre­su­pues­to de 20 mi­llo­nes de eu­ros. Han pa­sa­do ocho años y, des­gra­cia­da­men­te, el mau­so­leo si­gue ce­rra­do, aban­do­na­do y se con­fía en que el año pró­xi­mo pue­dan lle­var­se a ca­bo los tra­ba­jos de reha­bi­li­ta­ción. El «Co­rrie­re de­lla Se­ra» ha­bla de «amar­gu­ra y ver­güen­za de los ro­ma­nos fren­te a se­me­jan­te de­rro­ta»: el mau­so­leo si­gue cu­bier­to de ma­le­zas y al­re­de­dor so­lo ha­bía ba­su­ra, lim­pia­da el mis­mo lu­nes, en la vís­pe­ra de la ce­le­bra­ción.

Po­cos han si­do los ac­tos con­me­mo­ra­ti­vos. So­lo se han per­mi­ti­do unas vi­si­tas guia­das al mau­so­leo, mien­tras de for­ma ex­cep­cio­nal per­ma­ne­cía abier­to e ilu­mi­na­do has­ta me­dia­no­che el Ara Pa­cis, el mo­nu­men­to sím­bo­lo de su im­pe­rio, cons­trui­do en ho­nor del em­pe­ra­dor tras sus cam­pa­ñas en His­pa­nia y en Ga­llia, y pa­ra ce­le­brar la Paz ro­ma­na o Pax Au­gus­ta.

La ex­pli­ca­ción de la po­bre­za de es­ta ce­le­bra­ción es que la in­ver­sión en cul­tu­ra ha des­apa­re­ci­do prác­ti­ca­men­te en Ita­lia, un país que ha te­ni­do cin­co mi­nis­tros de Bie­nes Cul­tu­ra­les en los úl­ti­mos tres años y me­dio. Ita­lia pa­ga así la fi­lo­so­fía ali­men­ta­da du­ran­te mu­chos años por el que fue mi­nis­tro de Eco­no­mía, Giu­lio Tre­mon­ti, en go­bier­nos de Sil­vio Ber­lus­co­ni: «Con la cul­tu­ra no se co­me». Con­tras­ta po­de­ro­sa­men­te tal po­bre­za cul­tu­ral en la ce­le­bra­ción del bi­mi­le­na­rio de un em­pe­ra­dor que fue un hom­bre de cul­tu­ra y un ex­cep­cio­nal pre­cur­sor del uso de la cul­tu­ra en po­lí­ti­ca. El es­cri­tor y ar­queó­lo­go Um­ber­to Broc­co­li se­ña­la: «Au­gus­to creó el círcu­lo de Me­ce­na­te (Me­ce­nas), que era su con­se­je­ro pre­di­lec­to, y Me­ce­na­te reunió y pro­te­gió a los más im­por­tan­tes hom­bres de le­tras de la épo­ca: Ovi­dio, Vir­gi­lio, Ho­ra­cio y Pro­per­zio. Au­gus­to ha­bía com­pren­di­do to­do: te­nía a su ser­vi­cio los ma­yo­res in­te­lec­tua­les de su tiem­po».

«Fue un cons­truc­tor»

Aun­que Au­gus­to fue un em­pe­ra­dor de gran­dí­si­mo re­lie­ve, apa­ren­te­men­te no ha te­ni­do la fa­ma o fas­ci­na­ción que ha ro­dea­do a otros per­so­na­jes en la his­to­ria an­ti­gua de Ro­ma. Broc­co­li ofre­ce es­ta ex­pli­ca­ción: «Au­gus­to tie­ne una bio­gra­fía po­co no­ve­les­ca, en com­pa­ra­ción con Ca­lí­gu­la, que era un lo­co; con Ne­rón, que no lo era pe­ro ha pa­sa­do co­mo tal; Ju­lio Cé­sar, que era su tío y pa­dre adop­ti­vo, era un gran con­quis­ta­dor, y al­re­de­dor de ellos gi­ran epi­so­dios pro­pios de Holly­wood co­mo el ca­ba­llo he­cho se­na­dor o el in­cen­dio de Ro­ma. Au­gus­to era otra cla­se de per­so­na: era tí­mi­do y de mu­cha sus­tan­cia; fue un em­pe­ra­dor de paz y no de es­pec­tácu­lo; no fue un con­quis­ta­dor, sino un cons­truc­tor».
Ro­ma re­fle­ja el gran le­ga­do de Au­gus­to. Él di­jo que ha­bía en­con­tra­do una ciu­dad de ma­de­ra y que la res­ti­tu­yó de már­mol. Es cier­to: la em­be­lle­ció y trans­for­mó com­ple­ta­men­te. Au­gus­to hi­zo cons­truir tem­plos, pla­zas y me­jo­ró el sis­te­ma ur­ba­nís­ti­co. Au­gus­to qui­so re­pre­sen­tar el es­pí­ri­tu de la vir­tud y las le­yes, y te­ner re­la­ción con la ple­be y los ciu­da­da­nos más des­fa­vo­re­ci­dos, a los que ayu­dó. Te­nía to­do el po­der, pe­ro más que un au­tó­cra­ta fue el pri­mer fun­cio­na­rio del Es­ta­do. Aquí se­gu­ra­men­te es­tá el se­cre­to de Au­gus­to: pa­ra man­te­ner el po­der hay que uti­li­zar­lo con so­brie­dad