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lunes, 25 de agosto de 2014

Biblioteca de la Pontificia Universidad Católica Argentina "Exposición Biblioteca Central "1914-2014. Centenario de la Gran Guerra"

Este año se cumple el centenario del comienzo de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). La Biblioteca Central conmemora uno de los episodios más trágicos y devastadores de la historia, a través de libros, fotografías, y cartas. Un recorrido bibliográfico y visual que recordará aspectos cotidia- nos del conflicto. Podrán verse también algunas de las principales obras del artista Otto Dix que retrató los horrores de la guerra desde su punto de vista. La Primera Guerra Mundial acabó con la vida de miles de personas, la destrucción de regiones enteras y propició profundos cambios sociales. Un evento histórico que reclama memoria para la construcción de la paz y la comprensión

viernes, 22 de agosto de 2014

Ro­ma «ol­vi­da» el bi­mi­le­na­rio de la muer­te de un gran em­pe­ra­dor que cam­bió la His­to­ria



 

ABC, Spain 20/08/2014 65 ÁN­GEL GÓ­MEZ FUEN­TES CO­RRES­PON­SAL EN RO­MA

 

Fue el pri­mer em­pe­ra­dor ro­mano, uno de los más gran­des es­ta­dis­tas de to­dos los tiem­pos, un hom­bre de paz que cam­bió la His­to­ria y mar­có tam­bién a His­pa­nia. Ita­lia ce­le­bró ayer los dos mil años de la muer­te de Ca­yo Ju­lio Cé­sar Oc­ta­viano Au­gus­to, nom­bre és­te úl­ti­mo por el que es co­no­ci­do. Fue adop­ta­do co­mo hi­jo por su tío abue­lo Ju­lio Cé­sar y se con­vir­tió en el em­pe­ra­dor con el rei­na­do más lar­go de la his­to­ria: go­ber­nó 41 años (27 a. C.–14 d. C), sen­tan­do las ba­ses del im­pe­rio ro­mano que do­mi­nó el mun­do en los pri­me­ros si­glos des­pués de Cris­to. Pe­ro ha si­do una ce­le­bra­ción con una gran po­lé­mi­ca sus­ci­ta­da en los prin­ci­pa­les pe­rió­di­cos, muy crí­ti­cos con Ro­ma y la Ad­mi­nis­tra­ción por­que han per­di­do una gran oca­sión pa­ra una gran ce­le­bra­ción.

Así, «La Stam­pa» afir­ma en un ti­tu­lar en su pri­me­ra pá­gi­na: «Ro­ma y Au­gus­to, una la­men­ta­ble ce­le­bra­ción», des­ta­can­do que en cual­quier otra ca­pi­tal se ha­bría apro­ve­cha­do la efe­mé­ri­de con un mon­ta­je cul­tu­ral ex­tra­or­di­na­rio. Pro­por­cio­nal­men­te, ha ha­bi­do más sen­si­bi­li­dad en ce­le­brar el bi­mi­le­na­rio en otras ciu­da­des fun­da­das por él, co­mo Za­ra­go­za (en la­tín Cae­sa­rau­gus­ta), Mé­ri­da (Au­gus­ta Eme­ri­ta), o Ta­rra­go­na, des­de don­de di­ri­gió las cam­pa­ñas mi­li­ta­res con­tra los cán­ta­bros y as­tu­res, has­ta su con­quis­ta de­fi­ni­ti­va en el año 19 a.C. Tam­bién fun­dó El­che, Éci­ja, Mar­tos y Gua­dix.

Amar­gu­ra y ver­güen­za

Ro­ma se pro­pu­so en 2006 reha­bi­li­tar el mau­so­leo de Au­gus­to, si­tua­do en el cen­tro de Ro­ma, con un pre­su­pues­to de 20 mi­llo­nes de eu­ros. Han pa­sa­do ocho años y, des­gra­cia­da­men­te, el mau­so­leo si­gue ce­rra­do, aban­do­na­do y se con­fía en que el año pró­xi­mo pue­dan lle­var­se a ca­bo los tra­ba­jos de reha­bi­li­ta­ción. El «Co­rrie­re de­lla Se­ra» ha­bla de «amar­gu­ra y ver­güen­za de los ro­ma­nos fren­te a se­me­jan­te de­rro­ta»: el mau­so­leo si­gue cu­bier­to de ma­le­zas y al­re­de­dor so­lo ha­bía ba­su­ra, lim­pia­da el mis­mo lu­nes, en la vís­pe­ra de la ce­le­bra­ción.

Po­cos han si­do los ac­tos con­me­mo­ra­ti­vos. So­lo se han per­mi­ti­do unas vi­si­tas guia­das al mau­so­leo, mien­tras de for­ma ex­cep­cio­nal per­ma­ne­cía abier­to e ilu­mi­na­do has­ta me­dia­no­che el Ara Pa­cis, el mo­nu­men­to sím­bo­lo de su im­pe­rio, cons­trui­do en ho­nor del em­pe­ra­dor tras sus cam­pa­ñas en His­pa­nia y en Ga­llia, y pa­ra ce­le­brar la Paz ro­ma­na o Pax Au­gus­ta.

La ex­pli­ca­ción de la po­bre­za de es­ta ce­le­bra­ción es que la in­ver­sión en cul­tu­ra ha des­apa­re­ci­do prác­ti­ca­men­te en Ita­lia, un país que ha te­ni­do cin­co mi­nis­tros de Bie­nes Cul­tu­ra­les en los úl­ti­mos tres años y me­dio. Ita­lia pa­ga así la fi­lo­so­fía ali­men­ta­da du­ran­te mu­chos años por el que fue mi­nis­tro de Eco­no­mía, Giu­lio Tre­mon­ti, en go­bier­nos de Sil­vio Ber­lus­co­ni: «Con la cul­tu­ra no se co­me». Con­tras­ta po­de­ro­sa­men­te tal po­bre­za cul­tu­ral en la ce­le­bra­ción del bi­mi­le­na­rio de un em­pe­ra­dor que fue un hom­bre de cul­tu­ra y un ex­cep­cio­nal pre­cur­sor del uso de la cul­tu­ra en po­lí­ti­ca. El es­cri­tor y ar­queó­lo­go Um­ber­to Broc­co­li se­ña­la: «Au­gus­to creó el círcu­lo de Me­ce­na­te (Me­ce­nas), que era su con­se­je­ro pre­di­lec­to, y Me­ce­na­te reunió y pro­te­gió a los más im­por­tan­tes hom­bres de le­tras de la épo­ca: Ovi­dio, Vir­gi­lio, Ho­ra­cio y Pro­per­zio. Au­gus­to ha­bía com­pren­di­do to­do: te­nía a su ser­vi­cio los ma­yo­res in­te­lec­tua­les de su tiem­po».

«Fue un cons­truc­tor»

Aun­que Au­gus­to fue un em­pe­ra­dor de gran­dí­si­mo re­lie­ve, apa­ren­te­men­te no ha te­ni­do la fa­ma o fas­ci­na­ción que ha ro­dea­do a otros per­so­na­jes en la his­to­ria an­ti­gua de Ro­ma. Broc­co­li ofre­ce es­ta ex­pli­ca­ción: «Au­gus­to tie­ne una bio­gra­fía po­co no­ve­les­ca, en com­pa­ra­ción con Ca­lí­gu­la, que era un lo­co; con Ne­rón, que no lo era pe­ro ha pa­sa­do co­mo tal; Ju­lio Cé­sar, que era su tío y pa­dre adop­ti­vo, era un gran con­quis­ta­dor, y al­re­de­dor de ellos gi­ran epi­so­dios pro­pios de Holly­wood co­mo el ca­ba­llo he­cho se­na­dor o el in­cen­dio de Ro­ma. Au­gus­to era otra cla­se de per­so­na: era tí­mi­do y de mu­cha sus­tan­cia; fue un em­pe­ra­dor de paz y no de es­pec­tácu­lo; no fue un con­quis­ta­dor, sino un cons­truc­tor».
Ro­ma re­fle­ja el gran le­ga­do de Au­gus­to. Él di­jo que ha­bía en­con­tra­do una ciu­dad de ma­de­ra y que la res­ti­tu­yó de már­mol. Es cier­to: la em­be­lle­ció y trans­for­mó com­ple­ta­men­te. Au­gus­to hi­zo cons­truir tem­plos, pla­zas y me­jo­ró el sis­te­ma ur­ba­nís­ti­co. Au­gus­to qui­so re­pre­sen­tar el es­pí­ri­tu de la vir­tud y las le­yes, y te­ner re­la­ción con la ple­be y los ciu­da­da­nos más des­fa­vo­re­ci­dos, a los que ayu­dó. Te­nía to­do el po­der, pe­ro más que un au­tó­cra­ta fue el pri­mer fun­cio­na­rio del Es­ta­do. Aquí se­gu­ra­men­te es­tá el se­cre­to de Au­gus­to: pa­ra man­te­ner el po­der hay que uti­li­zar­lo con so­brie­dad

miércoles, 20 de agosto de 2014

SAN BERNARDO

San Bernardo Abad, el líder que detuvo guerras y fundó más de 300 conventos


LIMA, 20 Ago. 14 / 12:01 am (ACI).-Hoy 20 de agosto la Iglesia celebra la Fiesta de San Bernardo Abad, un gran líder que recorrió Europa poniendo paz donde había guerras, fundó más de 300 conventos e hizo llegar a la santidad a muchos de sus discípulos.
Nacido en Borgoña, Francia, era llamado “Mellifluous Doctor” (boca de miel) por su elocuencia que atraía a muchos fieles para que vivan más plenamente la vida cristiana.
Siendo joven, una noche de Navidad se quedó dormido mientras se celebraban las ceremonias religiosas en el templo y le pareció ver al Niño Jesús en los brazos de María, quien le ofreció a su Hijo para que lo amara y lo hiciera amar por los demás.
Esto lo impactó mucho y más adelante decide entrar al convento de monjes benedictinos llamado “Cister”. San Esteban lo aceptó con alegría ya que hacía 15 años que no llegaban religiosos nuevos.
Los jóvenes de las universidades, pueblos y campos que lo escuchaban hablar de la vida de un convento se quedaban entusiasmados y se iban en grupos para que los instruyera y formara como religiosos.
En el “Cister” se destacó por sus cualidades de líder y a sus 25 años fue enviado a fundar un nuevo convento. Eligió un sitio apartado en el bosque y le puso por nombre “Claraval”, que significa valle claro. De este recinto salieron monjes que fundaron otros 63 conventos.
A pedido del Papa, los obispos, los gobernantes y el pueblo, recorrió Europa deteniendo guerras, herejías, corrigiendo errores y animando a los decaídos.
Cierto día, un hombre bien preparado le pidió que lo aceptara en el convento de Claraval, a quien puso a transportar carbón para probar su virtud. Este discípulo después llegó a ser un gran monje y nombrado Papa Honorio III.
Fue muy famoso por su gran devoción mariana. Compuso las palabras del Salve: “Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María”. Y solía repetir la oración: “Acuérdate oh Madre Santa, que jamás se oyó decir, que alguno a ti haya acudido, sin tu auxilio recibir”.
“En Medio de tus peligros, de tus angustias, de tus dudas, piensa en María, invoca a María”, decía.
Más información en: http://www.aciprensa.com/santos/santo.php?id=249


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Galilea en tiempos de Jesús

 

 
Vista del Lago de Tiberiades (Galilea) Vista del Lago de Tiberiades (Galilea)

En los comienzos de la era cristiana vivían en Galilea gentes de dos culturas distintas

Una parte importante de la población estaba constituida por personas de formación helénica, que ha­blaban griego, vivían sobre todo del comercio y la in­dustria, y vivían en las grandes ciudades como Tolemaida ‑con un puerto impor­tante en el Mar Mediterráneo‑, Séforis ‑en el interior‑ o Tiberiades ‑a orillas del Mar de Galilea‑.
En cambio, la población rural era predominantemente judía, ha­blaba arameo, y vivía en casas de campo, aldeas o pequeñas poblaciones. Algunos de sus nombres resultan muy familiares para los lectores de los Evangelios: Nazaret, Caná, Cafarnaum, Corazim, Betsaida, ...

DOS CULTURAS DISTINTAS

No parece que hubiera un trato frecuente entre las gentes judías y helenísti­cas de Galilea a pesar de vivir muy próximos unos a los otros. Posiblemente sólo el imprescindible para satisfa­cer las necesidades básicas. Los campesinos judíos acudirían al mercado de las ciudades para vender sus productos y para com­prar algunas herramientas necesarias para su trabajo. Por eso no resulta nada extraño que supieran hablar un poco de griego, lo mismo que la población gentil sería ca­paz de entender algo el arameo.
Esta separación entre las poblaciones que nos muestra ac­tualmente la arqueología también puede apreciarse ‑aunque muy delicadamente‑ en los relatos evangélicos. Sabemos que Jesús estuvo viviendo en Nazaret, que asistió a una boda en Caná, que también vivió en la ciudad de Cafarnaum, que hizo milagros en Corazim, que paseó por el puerto de Betsaida. Sin embargo no te­nemos cons­tancia cierta de que estuviera en ninguna ciudad de población greco-parlante.
Llama la atención que no se nombre en ningún Evangelio la ciudad de Séforis, que está a casi la misma distancia de Nazaret que Caná, cuando era una población grande y populosa. Otro tanto sucede con la ciudad de Tiberiades, que fue fun­dada hacia el año 20 en las orillas del Lago de Genesaret, a unos treinta kilóme­tros de Nazaret. Es casi seguro que la funda­ción y construcción de esta ciudad fuera objeto de comentarios por parte los vecinos de Nazaret ‑entre los cuales es­taba Jesús, que tendría unos veinticinco años­‑. Sin embargo nunca se dice en el Evangelio que Jesús la visitara.
E incluso cuando parece que Jesús va a algunas de las ciudades o zonas de población no judía nunca tenemos la certeza de que en­trara en las ciudades, ya que en todos los casos el texto sagrado introduce alguna fórmula genérica que parece designar más bien la zona o los alrededores que la población misma. Así, por ejemplo, se dice que Jesús va a los “términos” de Gadara (Mc 5,1-18), a la “región” de Tiro y Sidón (Mc 7,24-31) o a los “alrededores” de Cesarea de Filipo (Mc 8,27).

NAZARET

Hace unos dos mil años Nazaret era una aldea desconocida para casi todos los habitantes de la tierra. Era un puñado de pobres ca­sas clavadas en unos promontorios de roca en la Baja Galilea. Ni siquiera en su región tenía una gran impor­tancia. A algo más de dos horas de camino a pie se podía llegar a la ciudad de Séforis, donde se concentraba la mayor parte de la activi­dad comercial de la zona.
Se trataba de una ciudad próspera, con ricas construcciones y un cierto nivel cultural. Sus habitantes hablaban griego y tenían buenas relaciones con el mundo intelectual greco-latino. En cambio, en Nazaret vivían unas pocas familias judías, que hablaban en arameo. La mayor parte de sus habitantes se de­dicaban a la agricultura y la ganadería, pero no faltaba algunos ar­tesanos y obreros que se desplazaran a diario a trabajar en las construcciones de la vecina Séforis.
Las excavacio­nes arqueológi­cas han sacado a la luz parte del antiguo Nazaret. En las casas se aprovechaban las numerosas cuevas que presenta el terreno para acondicionar en ellas sin realizar muchas modifi­caciones alguna bodega, silo o cisterna. El suelo se aplanaba un poco delante de la cueva, y ese recinto se cerraba con unas pare­des elementales. Posiblemente las familias utilizarían el suelo de esa habitación para dormir (Lc 11,5-9.

CAFARNAUM

Junto al lago de Genesaret se encontraba Cafarnaum. No era una gran ciudad, pero sí una de las poblaciones ju­días más importantes de la región, ya que estaba en una zona fronteriza, junto al camino que unía Galilea con la tetrarquía gobernada por Filipo, por lo que había en ella servicio de aduanas y una guarnición militar. Tenía una buena sinagoga, de la que todavía se conservan sus funda­mentos de piedra basáltica. En un terre­no llano, a la orilla del lago, se aglomeraban las casas y habitaciones alrededor de patios y calles angostas.
Aquí no hay un terreno rocoso como en Nazaret, por lo que la técnica de construcción era distinta, así como el tipo de casas. Sus casas estaban construidas con paredes formadas de grandes piedras basálticas de forma parecida a la de un disco, y los huecos entre unas y otras se tapaban con cantos y barro, pero sin argamasa. Había muy pocas piedras talladas, que se utilizaban para los dinteles y las jambas de las puertas y ventanas. Las casas estaban cubiertas por travesaños de ramas de árboles reforzados con ca­pas de tie­rra, de juncos y de paja.
Todavía se conservan las paredes de una habitación que una antigua tradi­ción, avalada por las recientes exca­vaciones arqueológicas, identi­fica con la casa de San Pedro. Tiene unas dimensiones de siete metros de longitud por seis me­tros y medio de anchura, y en ella hay signos de veneración a partir del siglo primero, que testimonian el respeto con que ha sido cuidada por los cris­tianos casi desde sus orígenes. Junto a su puerta hay una plazuela que muchas veces resultaría pequeña para contener a la gente que acudía para ver y escuchar a Jesús (cfr. Mc 2,1-5).
 
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lunes, 18 de agosto de 2014

Au­gus­to y la aus­te­ri­dad gas­tro­nó­mi­ca


'ABC (1ª Edición)' - 2014-08-19
Ha­ce dos mil años mu­rió el pri­mer em­pe­ra­dor de Ro­ma, un dig­na­ta­rio muy so­brio en la me­sa
CRIS­TINO ÁL­VA­REZ MA­DRID
El décimo cuarto día antes de las calendas de septiembre del año de los cónsules Sexto Apuleyo y Sexto Pompeyo, a la hora nona, fallecía el hombre más poderoso de Roma y del mundo entonces conocido: Augusto, primer emperador romano, y el de más larga permanencia en el poder.
Traduzcamos: Augusto, antes Octaviano, antes Octavio, murió a eso de las dos y media de la tarde del 19 de agosto del año 14 de nuestra Era; es decir, hace hoy exactamente dos mil años.
No vamos a hablar aquí de los hechos del principado del sucesor e hijo adoptivo de Julio César: adopción póstuma, pero perfectamente legal, para disgusto de su colega en el triunvirato y después enemigo Marco Antonio. Digamos que bajo Augusto estuvo mucho tiempo cerrada la puerta del templo de Jano, lo que solo ocurría cuando Roma estaba en paz.
Vayamos a lo nuestro. Según Suetonio («Vida de los doce Césares, libro II»). Augusto era muy sobrio en la mesa: «Comía muy poco, y generalmente alimentos vulgares » . Añade que lo que más le gustaba era el pan hecho en casa, los pescaditos pequeños, el queso de vaca prensado a mano y los higos verdes «que se dan dos veces al año».

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Leer el comentario del Evangelio por
San Clemente de Alejandría (150-v. 215), teólogo
Homilía “¿Puede salvarse el rico?”, 8-9; PG 9,603

“Si tu quieres”

Este joven aunque cree que nada le falta a su virtud, sabe que todavía le falta la vida. Por eso viene pedírselo a aquel que puede concedérselo. Está seguro de estar en regla con la Ley; sin embargo implora al Hijo de Dios. De una fe pasa a otra fe. Las amarras de la Ley no lo defendían bien de los vaivenes; inquieto, deja este amarre peligroso y viene para echar el ancla al puerto del Salvador. Jesús no le reprocha por haber faltado a algún artículo de la Ley, sino que le mira con cariño (Mc 10,21), emocionado por esta aplicación de buen alumno. No obstante lo declara todavía imperfecto: es buen obrero de la Ley, pero perezoso para la vida eterna.

Está bien, sin duda alguna; "la Ley santa" es como un pedagogo (Rm 7,12; Ga 3,24) que instruye por el temor y conduce hacia los mandatos sublimes de Jesús y hacia su gracia. "Jesús es la plenitud de la Ley para justificar totalmente a los que creen en él" (Rm 10,4). No es un esclavo que fabrica esclavos, sino que Él da la categoría de hijos, hermanos, coherederos, a todos los que cumplen la voluntad del Padre (Rm 8,17; Mt 12,50)… Esta palabra "si quieres" muestra admirablemente la libertad del joven; sólo depende de él escoger, es dueño de su decisión. Pero es Dios quien da, porque es el Señor. Da a todos los que la desean y emplean todo su ardor y ruegan, con el fin de que la salvación sea su propia elección. Enemigo de la violencia, Dios no fuerza a nadie, sino que ofrece la gracia a los que la buscan, se la ofrece a los que lo piden, abre a los que llaman (Mt 7,7).

Foto: Leer el comentario del Evangelio por
San Clemente de Alejandría (150-v. 215), teólogo
Homilía “¿Puede salvarse el rico?”, 8-9; PG 9,603

“Si tu quieres”

    Este joven aunque cree que nada le falta a su virtud, sabe que todavía le falta la vida. Por eso viene pedírselo a aquel que puede concedérselo. Está seguro de estar en regla con la Ley; sin embargo implora al Hijo de Dios. De una fe pasa a otra fe. Las amarras de la Ley no lo defendían bien de los vaivenes; inquieto, deja este amarre peligroso y viene para echar el ancla al puerto del Salvador. Jesús no le reprocha por haber faltado a algún artículo de la Ley, sino que le mira con cariño (Mc 10,21), emocionado por esta aplicación de buen alumno. No obstante lo declara todavía imperfecto: es buen obrero de la Ley, pero perezoso para la vida eterna.

    Está bien, sin duda alguna; "la Ley santa" es como un pedagogo (Rm 7,12; Ga 3,24) que instruye por el temor y conduce hacia los mandatos sublimes de Jesús y hacia su gracia. "Jesús es la plenitud de la Ley para justificar totalmente a los que creen en él" (Rm 10,4). No es un esclavo que fabrica esclavos, sino que Él da la categoría de hijos, hermanos, coherederos, a todos los que cumplen la voluntad del Padre (Rm 8,17; Mt 12,50)… Esta palabra "si quieres" muestra admirablemente la libertad del joven; sólo depende de él escoger, es dueño de su decisión. Pero es Dios quien da, porque es el Señor. Da a todos los que la desean y emplean todo su ardor y ruegan, con el fin de que la salvación sea su propia elección. Enemigo de la violencia, Dios no fuerza a nadie, sino que ofrece la gracia a los que la buscan, se la ofrece a los que lo piden, abre a los que llaman (Mt 7,7).

Evangelio según San Mateo 19,16-22. Unidad 4.


Luego se le acercó un hombre y le preguntó: "Maestro, ¿qué obras buenas debo hacer para conseguir la Vida eterna?".
Jesús le dijo: "¿Cómo me preguntas acerca de lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Si q... Ver más

Foto: Evangelio según San Mateo 19,16-22.
Luego se le acercó un hombre y le preguntó: "Maestro, ¿qué obras buenas debo hacer para conseguir la Vida eterna?".
Jesús le dijo: "¿Cómo me preguntas acerca de lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Si quieres entrar en la Vida eterna, cumple los Mandamientos".
"¿Cuáles?", preguntó el hombre. Jesús le respondió: "No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio,
honrarás a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo".
El joven dijo: "Todo esto lo he cumplido: ¿qué me queda por hacer?".
"Si quieres ser perfecto, le dijo Jesús, ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres: así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme".
Al oír estas palabras, el joven se retiró entristecido, porque poseía muchos bienes.